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Me lastimé solo

  • Cracs

A veces se me olvida que soy bailarín. Me muevo. A veces se me olvida que actúo. Hago sitios web. Escribo ajeno y tartamudeo lo propio. Bailo y hago crossfit y sostengo debates con mis articulaciones. Escéptico de las celebraciones impuestas, me cuesta más trabajo pasar de la autocensura. Insisto como las malas noticias: aunque que no me leas. Desprecio el melodrama con que algunos colegas envuelven su sudor o sus rencores —que nunca son lo mismo; bailar, leer o respirar profundo no te hace mejor persona. Los artistas buenos representan falta de bibliografía y la policía de las buenas personas confundiendo combustión con combustible. Celebrar con estridencia y sin pagar honorarios, menos. Las becas son logros políticos y, con trabajo y otro poco de suerte, medios para que un proyecto artístico madure, no viceversa. A los políticos los tendrá sin cuidado tu proyecto artístico porque no es el suyo. A los empresarios también. El sentimiento es un patrocinio en especie, no alcanza para solventar una producción seria: dispuesta a fracasar —se dice fácil y se delega más. Me esfuerzo para no ser accesorio de nadie y eso a veces me impide trabajar. Me gusta pensar que a los amigos que admiro lo saben profundamente. Quizás convendría decirlo más. No estoy en control de mi trabajo ni de mi cuerpo ni de los espacios de este texto que se vería, quizás, mejor en una imagen sin palabras, sin cuerpos torpes que escriben, dicen, o burocracias queriéndose colgar la medalla del día internacional de la danza, esa rodilla.