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Perfil de candidatos y soberbia electoral

  • Cracs

El sábado pasado me di a la tarea de investigar más acerca de los candidatos por la gubernatura del estado de Querétaro, Mx (mi lugar de residencia) y los candidatos a diputados locales y federales. No todos tienen redes sociales (Twitter y Facebook) y son menos los que tienen un sitio web para exponer sus propuestas —más cerca del marketing que de la comunicación de algún proyecto político. Tampoco fue esto una sorpresa completamente, pero me vuelve a confirmar lo que he mencionado en conversaciones recientes de sobremesa respecto a las campañas electorales: los partidos políticos saben administrar la frustración y la soberbia del electorado muy bien —mejor que nosotros.

Dichas conversaciones suelen iniciar con algún meme o video ridículo de algún candidato, de algún municipio o estado del país, por algún cargo de elección popular que será lo de menos. El partido político lo deducimos del color de su ropa o la producción a cuadro. Entonces nos descosemos en opiniones y descalificaciones. Aquí, pienso, se afinan por un instante los bordes de la paradoja democrática en la que estamos: como todos son iguales y nos decepcionarán una vez en el poder, el contenido viral de las campañas lo evidencia, informarse no sirve de nada —sólo votar y esperar que sean menos los que voten distinto a mí. Ejercicio colectivo de participación seguido de una resignación a priori que irá justificando nuestra indiferencia meritocrática conforme se ejerzan los cargos públicos en cuestión.

No sorprende que viralizar la imagen del candidato sea la consigna partidista actual: frivolizar su imagen pública es también eximirlos de la responsabilidad que vendría con el cargo bajo un pacto social y tácito de resignación mutua anticipada: «se hizo lo que se pudo». Esa otra profecía autocumplida de nuestra cultura organizacional que tocaré en otra ocasión.

Querer investigar más acerca de los candidatos por los que sí tendré que votar fue un primer ejercicio para salir de esa esclerótica «superioridad moral» sobre los contendientes. Habrá que retomar.

En todo este ruido de campañas tan ensimismadas en sus respectivas narrativas, salir del melodrama parece innovador, así que siento que hay que esforzarnos por no caer en la trampa del espejo.