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Simple y revolucionario

  • Cracs

Hoy nos cuesta trabajo imaginar un mundo sin cerraduras. Podemos, incluso si nunca hemos investigado al respecto —como yo, concebir mecanismos menos sofisticados para cerrar puertas, pero la idea de un mundo de puertas sin cerradura es un contrasentido literal y figurativo —mecánico y digital— en la actualidad. Me quedé pensando en esto después de leer: Así empezamos a cerrar las puertas: la primera cerradura mecánica de la historia era tan sencilla como fascinante.

Las cerraduras, si atendemos a su dimensión metafórica, permiten la materialización de nuestras asimetrías de poder, la legitiman y la preservan técnica y simbólicamente con sus avances. Advertir cerraduras inmateriales (desigualdad, abusos, secretos…) incomoda: señalar y tratar de describir la cerradura o pasar de largo? La moral, en pocas palabras, es tan ineludible como insuficiente para asumir posturas al respecto.

Las puertas van de la posibilidad de abrir, cruzar, también de obedecer cerraduras. Entonces me quedo pensando en los mecanismos que tenemos para abrir contradicciones o desdentar fundamentalismos… «Cancelar» o hacer oídos sordos es una llave tan asequible como insuficiente para imaginar nuevas posibilidades —abrirse al error.